Un viaje realizado por José Antonio Iniesta al desierto del Sáhara, a los campamentos saharauis que se encuentran en Tinduf, Argelia, le puso en contacto con uno de los pueblos más honorables que ha conocido en su vida, vinculados al desierto de una forma estremecedora. Su vida es la pura supervivencia de una cultura ancestral, a pesar de las adversidades, de nobles tradiciones y un asombroso y respetable vínculo entre hombres y mujeres. Allí conoció con toda su crueldad la lucha por la existencia, por mantener la herencia ancestral, arrojados los saharauis a uno de los lugares más desolados del planeta. Todavía están a la espera de que el mundo haga justicia con ellos y puedan volver a sus legítimos territorios, los que recibieron dignamente de sus antepasados y les fueron arrebatados injustamente y con toda crueldad, arrojándolos a un futuro incierto…

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